La Araucanía necesita crecer, pero sobre todo decidir cómo
En La Araucanía, la mitad de las personas que trabajan recibe $550 mil mensuales o menos por su empleo principal. Detrás de esa cifra hay miles de familias que trabajan todos los días y, aun así, enfrentan dificultades para vivir dignamente de su esfuerzo. Esa es la conversación que la región no puede seguir postergando. El promedio suele contar una historia más amable. En el trimestre octubre-diciembre de 2025, el ingreso medio por la ocupación principal llegó a $729.127. Pero ese número está empujado hacia arriba por los altos ingresos de un grupo reducido. La mediana, el valor que divide exactamente en dos mitades a quienes trabajan, se acerca mucho más a la realidad de la mayoría: $550.232. Con cualquiera de las dos mediciones, La Araucanía registra los ingresos laborales más bajos del país. Y aunque los ingresos reales mejoraron en 2025 respecto de 2024, el avance no bastó para salir de ese lugar ni para reducir la alta concentración de trabajadores en los tramos de menor remuneración. Sería un error reducir la informalidad a una decisión individual.El problema no es de voluntad, sino de estructura. Parte de la explicación está en la informalidad. La región tiene la tasa de ocupación informal más alta de Chile, en torno al 36%: más de una de cada tres personas trabaja sin las protecciones de un empleo formal. Y la brecha se nota en el bolsillo, porque quienes tienen un empleo formal ganan, en promedio, el doble que quienes trabajan en la informalidad. Sería un error, sin embargo, reducir la informalidad a una decisión individual. Buena parte del empleo regional descansa en el trabajo por cuenta propia y en micro y pequeñas empresas que, con márgenes estrechos, difícilmente pueden pagar mejores sueldos o asumir los costos de formalizarse. Para muchos hogares, además, el trabajo informal es la respuesta inmediata cuando el empleo formal no llega o no paga lo suficiente. Es así, que La Araucanía necesita avanzar, de manera gradual y coordinada, hacia una economía más productiva. Eso exige que emprendimientos y pymes puedan crecer: acceder a financiamiento, incorporar tecnología, aumentar su productividad y, con ello, cumplir sus obligaciones laborales y mejorar las remuneraciones. Exige también diversificar la economía regional, impulsar actividades emergentes y fortalecer los sectores estratégicos con potencial en cada territorio. En este sentido, la región no parte de cero, ya que la Política Regional de Fomento Productivo 2035 y la Estrategia Regional de Desarrollo Araucanía 2040 ofrecen un marco para orientar recursos, programas e inversiones hacia iniciativas que eleven la productividad, generen empleo formal y acorten las brechas territoriales. El desafío es que esa hoja de ruta se traduzca en decisiones concretas, junto con más formación, capacitación y certificación de competencias, y mejor vinculación entre las personas y los empleos formales mejor pagados. La Araucanía necesita crecer, pero sobre todo necesita decidir cómo hacerlo. De poco sirve un crecimiento que no se refleja en el sueldo de quienes trabajan. El verdadero indicador de éxito será que esa mediana de $550 mil comience a moverse de verdad, y que vivir del propio trabajo, con empleo formal y protección social en cada etapa de la vida, sea la norma y no la excepción.
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